Politica exterior de carlos i

Spain or the Netherlands? The Dilemmas of Early Stuart Foreign Policy

La política exterior de los primeros Estuardo sigue siendo un tema relativamente descuidado, a pesar de las crecientes pruebas de la importancia de los conflictos religiosos internacionales en la cultura política británica y de las tensiones impuestas por las exigencias de la guerra al Estado británico. Jonathan Scott ha reclamado recientemente un replanteamiento sistemático del periodo basado en el reconocimiento de la importancia fundamental del contexto europeo de la Guerra de los Treinta Años, pero incluso él tiene relativamente poco que decir sobre los intentos de la monarquía Estuardo de intervenir en la política continental. 1 Una de las razones de este olvido se debe a la obstinada insularidad de la historiografía inglesa; otra es que cualquier estudiante serio de relaciones internacionales necesita dominar los archivos europeos continentales, además de los ingleses.

Estos dos libros intentan superar este reto y, aunque uno lo consigue mejor que el otro, ambos son de agradecer por este motivo. El estudio de Redworth ofrece el relato más completo del Spanish Match -el malogrado intento de casar al futuro Carlos I con la infanta María de España- desde Gardiner. Se basa en fuentes españolas que no estaban al alcance de ese gran erudito victoriano, al tiempo que presenta una tesis audaz que seguramente provocará controversia.

Escrito con claridad y con una prosa a menudo vigorosa, será tan accesible para los estudiantes y los lectores en general como para los expertos. Lamentablemente, también pasa por alto complejidades que requieren un tratamiento más completo y matizado, lo que hace que este libro deba utilizarse con precaución. Redworth da lo mejor de sí mismo cuando ilumina la maraña de relaciones políticas, diplomáticas y personales en el centro de las negociaciones matrimoniales.

Ofrece el análisis más completo disponible en inglés sobre el famoso embajador español Gondomar y su misión en Inglaterra. Gondomar, un político muy ambicioso de origen nobiliario menor, era también un erudito y el propietario de la mayor biblioteca privada de España, y sus logros intelectuales le ayudaron a establecer una estrecha relación con Jacobo I de Inglaterra y con cortesanos ingleses como Francis Bacon y el conde de Arundel. Redworth sostiene que la amistad de Jaime con Gondomar también se derivaba de su sentimiento compartido de ser extranjeros en Inglaterra y del disfrute que les producía intercambiar opiniones sobre el peculiar comportamiento de los nativos.

Poco después de llegar a Londres en su primera embajada de 1614, Gondomar aseguró a Jaime que España no interferiría con su gobierno en Irlanda si, a cambio, Jaime contenía a los corsarios en aguas americanas. A continuación, propuso una alianza matrimonial, ofreciendo como cebo una dote de 500. 000 libras esterlinas, más tarde ampliada a 600.

000 libras, que parecía especialmente atractiva tras el fracaso del parlamento de 1614. Redworth piensa que el entusiasmo de Gondomar por este matrimonio, que creía que haría avanzar su propia carrera, y su conocimiento superficial de la política de la corte española le hicieron subestimar las dificultades que las diferencias religiosas plantearían en su negociación, de forma que finalmente engañó a Jaime. Aunque merece una seria consideración, esta conclusión no está del todo respaldada por un reciente estudio español, que presenta pruebas de que Gondomar y sus superiores tenían considerables dudas ya en 1620 de que los ingleses llegaran a aceptar condiciones religiosas aceptables para España y Roma.

2 Además, el continuo interés de Gondomar en el Partido, a pesar de los obstáculos, parece haber surgido de su opinión de que la fuerza comercial y naval de ingleses y holandeses hacía imperativo para España evitar que estas dos potencias se aliaran en contra de sus intereses, al menos tanto como de una ambición puramente personal. El libro procede a continuación a desarrollar una nueva interpretación del viaje de Carlos y Buckingham a Madrid, que ha desconcertado a los historiadores casi tanto como a los contemporáneos. El príncipe y el duque tenían «sus propios contactos secretos con Madrid» p.

51 y pensaban que entendían la situación allí mejor que los diplomáticos del Rey. En mayo de 1622 Carlos dijo a Gondomar que estaba dispuesto a viajar de incógnito a España. Concluyendo erróneamente que esto significaba que el príncipe estaba dispuesto a convertirse al catolicismo, y viendo una oportunidad de avanzar en su propia carrera, Gondomar alentó el plan. Desgraciadamente, nunca gozó de la confianza del círculo íntimo de Felipe IV, aunque su habilidad para la autopromoción había ocultado este hecho a la corte inglesa.

Por tanto, no sabía que en su lecho de muerte Felipe III había implorado a su heredero que no concluyera el Partido y que Olivares ya estaba buscando la forma de romperlo sin llevar a Inglaterra a una guerra. Para disimular hasta poder perfeccionar un plan alternativo, Olivares también engañó al enviado personal de Carlos, Endymion Porter, haciéndole creer que el Match estaba prácticamente concluido. El viaje del príncipe se desarrolló así en medio de una maraña de falsas esperanzas y malentendidosSu fastuosa acogida inicial en Madrid -que Redworth describe muy bien- dio paso inevitablemente a fricciones y crecientes sospechas, ya que los españoles se dieron cuenta poco a poco de que su